Perfiles

lunes, 12 de diciembre de 2011

Robert Frank: Un cambio al rumbo de la fotografía documental del momento.

Su trabajo se considera esencial en la historia de la fotografía del siglo XX. La crítica considera que sus propuestas cambiaron el rumbo de la fotografía documental del momento. Esto se debió, comentan, porque consiguió apartarse de los momentos decisivos para presentar el reflejo de sus propias experiencias.
En sus comienzos trabajó para diferentes medios de comunicación de Suiza, pero muy pronto rechaza el punto de vista habitual de los fotorreporteros del momento y establece sus propias reglas.
Es a partir de entonces cuando intenta que sus fotografías transmitan su visión personal del mundo y los sentimientos humanos de quienes aparecen en ellas.


Fotografía en Estados Unidos

En el año 1947 se traslada en Estados Unidos donde trabaja en publicidad y moda. De forma paralela comienza a realizar una obra personal que se separa de sentimentalismos banales y del dramatismo, para intentar influir en el observador proponiéndole la captación de escenas sensacionalistas.
Este punto de vista, sin embargo, le duraría poco tiempo. Frank se da cuenta de que lo importante es transmitir su propia experiencia en imágenes. Y, de esta manera, desarrolla, entre los años 1955 y 1956, un trabajo documental mientras realiza un largo viaje por los Estados Unidos.
Es a partir de entonces cuando conseguirá dar un giro en la fotografía documental al publicar su primer libro, "Los americanos", una de sus obras más conocidas.

"Los americanos"

"Los americanos" destaca por ser un trabajo en el que el fotógrafo representa una visión honesta y personal de la situación del país. Una circunstancia que le permite romper la frontera entre lo público y lo privado dejando al descubierto los sentimientos y la personalidad del autor. Buena parte de los trabajos realizados en esta etapa conforman la muestra que se puede ver en Almería a partir de la semana que viene.

Frank y el cine

En el año 1960 decide abandonar la fotografía y se introduce en el mundo del cine. En este nuevo ámbito creativo realizó numerosos cortometrajes de carácter independiente que evolucionaron hasta varios largometrajes donde la historia reflejaba su propia vida.
Su experiencia fue tan amplia que en el año 1972 editó su libro más famoso "The Lines of my hand" (Las líneas de mi mano).
Desde este momento, el fotógrafo se dedicó, exclusivamente al cine, viendo la luz sus primeras películas. La lista comenzó con un largometraje titulado "Pull My Daisy" (Deshoja mi margarita), una propuesta que realizó en colaboración con Alfred Leslie y Jack Kerouac. Las propuestas de este trabajo fueron impactantes y, de hecho, hoy día está considerada como una de las piezas clásicas del cine independiente en Estados Unidos.

Centro Andaluz de la Fotografía

La creación del Centro Andaluz de la Fotografía surge de un proyecto desarrollado en Almería entre 1990 y 1992 con motivo de la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América. Se denominaba "Imagina".
Esta iniciativa consiguió, por primera vez en la historia de España, que artistas de prestigio internacional viajaran hasta la provincia de Almería para exponer sus fotografías.
Al mismo tiempo, el marco de "Imagina" sirvió como acicate logrando que se realizaran una producción fotográfica en distintos lugares de la provincia almeriense como el desierto, la costa o la ciudad cuyo resultado se reunió en una macroexposición que se ofreció al público aficionado.
A partir de este momento surgió la necesidad de que Andalucía fuera referente en el ámbito de la creación fotográfica y se impuso la idea de que todas estas iniciativas se concentraran en un mismo espacio. Surgía, entonces, el Centro Andaluz de la Fotografía.



miércoles, 7 de diciembre de 2011

La sombra del iceberg.


 La sombra del iceberg es un documental de investigación español, publicado en 2007, que trata de desvelar la verdad detrás de la archiconocida foto de Robert Capa, "Muerte de un miliciano". Dicha foto paso a la historia como la primera  fotografía que captó la muerte.
La instantánea fue tomada a comienzos de la Guerra Civil Española (1936-1939), y se convirtió en símbolo de la tragedia en cualquier guerra. "Muerte de un miliciano" convirtió a un desconocido Capa, en una leyenda de la fotografía.


Robert Capa murió en 1954, pasando a la historia como uno de los mejores y más grandes fotoperiodistas de guerra de todos los tiempos.Sin embargo, algunos ponían en duda su fama y reputación, y cuestionaban la veracidad de la fotografía que le llevo a lo más alto en el mundo del fotoperiodismo de guerra. El origen de todo se encuentra en los años setenta, cuando un antiguo amigo de Capa afirmó que este le confesó que la foto del miliciano había sido un montaje. Aunque no se pudo demostrar en su día, la duda de si la instantánea fue real o no se introdujo en la mente de muchos.
La sombra del iceberg intenta dar luz a este misterio.Es un documental dirigido por Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbauer en el que se cuestiona a través de varias dudas, razonables y razonadas, la veracidad de esta versión y plantea la posibilidad de que esta imagen fuera el resultado de una genial puesta en escena. Lo primero que debemos decir de este documental es que no nos da una respuesta clara, pero aporta muchos datos que nos hacen dudar más aún de la veracidad de dicha fotografía. Lo más llamativo es el hecho de que en la ladera donde se tomo la instantánea, Capa fotografió a dos milicianos distintos cayendo, pero no aparecen juntos en ninguna de  las dos que fotografías que hizo. Este dato nos hace dudar aún más de la puesta en escena de Capa. Si nos centramos en la identidad del personaje, los investigadores nos muestran que las fechas no concuerdan, por lo que el miliciano se convierte de nuevo en un persona anónima. Otro hecho que nos hace sospechar más de la instantánea es el análisis que hizo un forense al cadáver del miliciano. La evaluación mostro un hecho muy llamativo, no había indicios de ningún impacto de bala, y no se encontraba una causa de la muerte. El mismo forense afirmaba que la posición del cuerpo a la hora de recibir el impacto era antinatural. Esos y otros argumentos, como la mentira de Capa a la hora de decir a que hora fue tomada la fotografía, nos hacen dudar de su credibilidad y de la forma en la que fue tomada "Muerte de un miliciano". Sin embargo, al no existir una prueba clave que desvele de una vez por todas el misterio, no se puede confirmar nada, por lo que el enigma continuará...

domingo, 4 de diciembre de 2011

El fotógrafo castellonense Julián Barón deslumbra al espectador para ironizar sobre la política en 'Censura'


El fotógrafo castellonense Julián Barón presenta este jueves su primer libro en la sede del colectivo fotográfico Doctor Nopo, en el que busca deslumbrar con flashes al espectador para ironizar sobre el mundo de la política.

'Censura' muestra una nueva perspectiva sobre los personajes que habitan la política española a través del estilo de la "cámara descompuesta", que le sirve para trazar un paralelismo entre el lenguaje político y la distorsión del error fotográfico intencionado.

Julián Barón, director de la escuela de fotografía Blankpaper en Valencia y Castellón, presentó por primera vez la publicación pasado 16 de noviembre en Phacto de Barcelona, acompañado de Ramón Reverté, director de la Editorial RM, encargada de publicar el libro.

El 17 de noviembre se presentó en la escuela BlankPaper Madrid, donde le acompañó el fotógrafo y editor Pablo Ortiz Monasterio, el día 2 de diciembre, en La Azotea, acompañado por la crítica de arte Mara Mira y el próximo 17 de diciembre estará en el Aniversario de El Cíclope Mecánica, en Sevilla.

"En ese gran circo que es la política, fotografía y censura se alían para manipular al pueblo a través del falso uso de la imagen como documento, utilizando a los grandes medios de comunicación para enmascarar de manera sutil pero constante aquellos aspectos que no responden a las pretensiones de los partidos, o de la prensa y enturbiando y desfigurando la realidad", explica el propio autor.

En este trabajo la fotografía, agrega el autor, "censura a la censura" a través de un enfoque "diferente" de la política y sus adalides, que el autor enfrenta "cara a cara, viendo cómo todo el espectáculo que ellos mismos han construido, se desvanece".

sábado, 3 de diciembre de 2011

El club de los fotografos malditos


El fotógrafo João Silva pensaba desde hacía un tiempo dejar su trabajo como corresponsal de guerra del diario The New York Times. Tras más de 25 años de reportería gráfica, este avezado portugués radicado desde muy pequeño en Sudáfrica repetía a sus amigos que se acercaba la hora de pasar más tiempo con sus hijos, pasear en su moto y alejarse de las bombas y de las balas. "Definitivamente no quiero que me hieran. Definitivamente no quiero morir -dijo en una entrevista en diciembre pasado-. Pero he visto a tanta gente caer que no descarto el hecho de que mi turno llegue algún día". Su turno llegó hace una semana, cuando pisó una mina en la provincia afgana de Kandahar que le quitó la parte inferior de las piernas.

¿Por qué no renunció antes? "En parte porque era adicto a su trabajo, en parte porque sentía que tenía la responsabilidad de mostrar al mundo la realidad y en parte porque vivía de eso, y las oportunidades para los fotoperiodistas cada vez son menos", comentó a la Revista Semana, de Bogotá, Greg Marinovich, su amigo íntimo y compañero en el Club del Bang-Bang: ese grupo de cuatro temerarios fotógrafos cuyo destino ha estado marcado por los triunfos profesionales y por las tragedias personales. Silva y Marinovich son los dos únicos sobrevivientes del clan que cubrió como nadie los últimos años del apartheid, el sistema de segregación racial que discriminó a la mayoría negra sudafricana entre 1948 y 1994. Los otros dos miembros, Ken Oosterbroek y Kevin Carter, murieron en 1994, durante el proceso democrático que llevó a Nelson Mandela a la Presidencia. A Oosterbroek lo alcanzó la bala de un soldado de un cuerpo de paz en abril; Carter se suicidó tres meses después.

El incidente en el que João Silva perdió parte de las piernas en Afganistán es la última de una serie de desgracias que ha sufrido el Club del Bang-Bang, un grupo de cuatro fotógrafos de guerra reconocidos por su valentía.

El Club como tal nunca existió. 'Bang-bang' era la expresión con la que los periodistas sudafricanos se referían a las continuas balaceras callejeras que debían presenciar. "El bang- bang hoy estuvo muy fuerte" o "necesito un trago porque vengo del bang-bang" eran frases típicas en las salas de redacción. El término se afianzó cuando la revista Living publicó un artículo sobre los fotógrafos más valientes del momento que tituló Los paparazzis del bang-bang. Como algunos de los protagonistas sintieron que la palabra paparazzi aminoraba su imagen de reporteros de guerra, los empezaron a llamar club. Al principio cualquier fotoperiodista del conflicto hacía parte de este, pero con el tiempo se redujo a los cuatro más populares. De hecho, Marinovich y Silva publicaron un libro con sus experiencias que titularon El Club del Bang-Bang.

El cuarteto compartía una pasión desbordada por la fotografía y creía que a través de ella podía aportar algo a su país. Carter, tal vez el más rebelde de todos, creció en un suburbio para blancos de Johannesburgo. Más de una vez contó que enfurecía cuando sus padres, "católicos y liberales", como los describía, callaban al ver que la policía maltrataba a los negros que vivían ilegalmente en su barrio. Oosterbroek, Marinovich y Silva también fueron criados con las injusticias de la época y vieron en la fotografía su forma de protestar.

João Silva, considerado uno de los mejores fotoperiodistas de guerra de la actualidad, ha trabajado en Sudáfrica, Irak, Afganistán, República Centroafricana, Rusia, entre otros países. Hoy se recupera en un hospital en Alemania del estallido de una mina.

Nunca paraban de disparar el obturador. Cuando Oosterbroek recibió el impacto que lo mató, Silva lo fotografió varias veces. También retrató a Marinovich herido de bala en el pecho. Aunque ha asegurado en más de una ocasión que se arrepiente de haberlo hecho, también ha afirmado que lo hizo porque a su amigo Ken le hubiera gustado verse en ese momento. Según cuenta su editor en The New York Times, Silva siguió tomando fotos incluso después de pisar la mina: "Es un artista del conflicto", reza el memorando que envió a todos los trabajadores del periódico.

"Vivir en medio del peligro era como una droga para ellos -dijo a esta revista Dan Krauss, director del documental La muerte de Kevin Carter, nominado al Óscar-. Esperaban que se acabara el 'apartheid' mientras tomaban fotos que cambiaban su vida y la de los sudafricanos. Por un lado, buscaban satisfacción personal y, por otro, perseguían algo más grande que ellos mismos". Krauss fue fotógrafo de prensa durante casi diez años y Carter era uno de sus ídolos. Por eso decidió explorar su personalidad, que considera "demasiado sensible" para alguien que debía lidiar en su día a día con matanzas, torturas y violaciones.

Greg Marinovich recibió el Premio Pulitzer en 1990 por la imagen de un hombre quemado vivo, en una práctica común durante los últimos años del ‘apartheid’. Fue herido en 1994 y abandonó la reportería de guerra hace 10 años, cuando se casó.

La foto más famosa de Carter es la de una niña sudanesa que, víctima de una desnutrición evidente, descansa en un peladero mientras la acecha un buitre. La imagen recibió en 1994 el codiciado Premio Pulitzer. El fotógrafo, de 33 años, fue entonces acusado de inhumano por haber tomado la imagen en vez de ayudar a la pequeña. Lo llamaron descorazonado, depredador y lo compararon con el ave de rapiña. El día que fue publicada, The New York Times recibió cientos de cartas de gente que quería saber qué había pasado con ella. En un hecho

inusual, el periódico respondió con una nota en la que explicaba que la chica se había alejado del lugar caminando, pero que no conocía su destino final.

Días después de recibir el galardón, Carter parqueó su camioneta frente al río donde solía jugar cuando niño, pegó el extremo de una manguera al exosto y metió la otra punta por la ventanilla del copiloto. Se puso el walkman, apoyó la cabeza en un saco de dormir y murió envenenado por monóxido de carbono. "Estoy deprimido… Sin teléfono… dinero para la renta… dinero para mantener a mi hija… dinero para pagar las deudas… ¡dinero! -escribió en su carta de despedida-. Estoy embrujado por las vívidas memorias de matanzas y cuerpos y rabia y dolor…".

Ken Oosterbroek murió de 31 años. Tiempo después, un miembro de las fuerzas de paz aceptó que la bala que lo mató fue disparada por uno de sus compañeros. Silva lo retrató apenas recibió el impacto. Ni a Oosterbroek ni a sus amigos les gustaba usar chaleco antibalas.

Para hacer esta fotografía, por la cual recibió el Premio Pulitzer, Kevin Carter esperó durante 20 minutos a que el buitre abriera las alas. Como no lo hizo, la tomó. Luego se sentó debajo de un árbol y se echó a llorar.

"No creo que se haya suicidado solamente por la foto, opina Krauss. Ken, su mejor amigo, había muerto poco antes en acción y él no había estado ahí para ayudarlo, pues había ido ese día a responder una entrevista por el Pulitzer; el 'apartheid' acababa y eso de cierta forma culminaba su misión; además estaban las acusaciones de que era un tipo sin compasión...". Philippa Garson, periodista sudafricana que trabajó con Carter en el diario Mail & Guardian, contó a Semana que lo vio desesperado la última vez que fue a su oficina. "Me contó que su vida era un desastre, consumía pipa blanca, una droga muy fuerte que te pone como estúpido, zombi. Le recomendé que fuera a un psicólogo y le di el teléfono. Siempre pensó que el premio que le dieron a él lo merecía Ken y que él merecía la bala".

Lo cierto es que el día que Oosterbroek falleció cambió por completo el destino del Club. No solo porque era el más admirado del grupo, sino porque muchos cuestionaron que arriesgaran su vida por una foto, y que prefirieran capturar una imagen antes que ayudar a la gente. "Tratas de mantener el riesgo al mínimo y las fotos al máximo -reflexiona Marinovich, quien recibió un Premio Pulitzer en 1991 por la fotografía de un hombre que fue quemado vivo-. Ayudamos muchas veces a la gente sin preocuparnos por las fotos. A veces se puede hacer las dos cosas: en un segundo puedes disparar docenas de imágenes y después, ayudar".

Según los reportes médicos, Silva, de 44 años, evoluciona favorablemente en un hospital alemán. Y aunque algunos de sus amigos y seguidores creen que llegó el final forzoso de su carrera, otros están seguros de que lo verán en unos años, con prótesis en las piernas, tomando fotos en la línea de fuego.

Publicado por la Revista Semana
http://www.semana.com/noticias-gente/club-fotografos-malditos/146867.aspx

jueves, 1 de diciembre de 2011

"La maleta mexicana", un libro con negativos perdidos de Capa, Taro y "Chim"

Setenta años más tarde, se pueden disfrutar de los negativos de las fotografías encontradas de Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour "Chim" sobre la guerra civil española en el libro "La maleta mexicana", que es un completo ejemplo del inicio del fotoperiodismo.
La obra, editada por La Fábrica y la Fundación Pablo Iglesias, cuenta con dos volúmenes, que incluyen los más de 4.500 negativos de la guerra civil española de estos tres fotógrafos descubiertos en 2007.
Esta obra ha sido presentada hoy en el madrileño Círculo de Bellas Artes por el presidente de la fundación, Alfonso Guerra, el editor Alberto Anaut y el fotógrafo Gervasio Sánchez, Premio Nacional en esta categoría.
En 2007 Cornell Capa, hermano de Robert, y el equipo del International Center of Photography de Nueva York encontraron tras una larga búsqueda los 126 rollos de película que se creían perdidos.
Estos negativos habían sido entregados por Capa en 1939 a su ayudante cuando abandonó París y, posteriormente, acabaron en la oficina diplomática mexicana en la capital francesa.
El embajador francés en aquella época, el general Francisco Aguilar González, llevó consigo estas cajas hasta su país y fueron legadas con los años a sus herederos, llegando finalmente a manos del cineasta mexicano Benjamin Taver.
En el libro se recogen estos negativos, que muestran imágenes del conflicto bélico español y retratos de algunos personajes célebres como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dolores Ibarruri "La Pasionaria" y Ernest Hemingway.
Guerra ha ensalzado el valor de esta obra sobre una guerra que representó "muchas cosas" para la cultura universal del momento por ser una lucha a favor de la defensa de un gobierno legal y que hizo que más de 55.000 jóvenes, de más de cincuenta países, se desplazaran hasta España para combatir por ideales.
El ex vicepresidente del Gobierno ha recordado que los tres autores de las imágenes murieron en conflictos bélicos y que lograron retratar la guerra "con la mayor valentía y la mayor compasión".
Para el dirigente socialista, las fotos de Capa atestiguan valor y proximidad.
Ha explicado que en estas instantáneas los lectores se van a encontrar la "guerra y la cotidianeidad" de la vida durante este periodo bélico, además de ser un buen ejemplo del fotoperiodismo, que nace en la guerra civil y cambia el estilo de revistas como "Life".
Guerra ha aconsejado a aquellos que quieran acercarse al libro que lo hagan "buscando la verdad".
Además de realzar su figura como fotógrafo, ha querido recordar la "fuerte personalidad" de Capa, un "verdadero seductor, bebedor hasta el agotamiento del bar" y que "cenaba con todas las mujeres hermosas del mundo".
En este sentido, ha recordado que la historia de amor entre Capa y la actriz Ingrid Bergman fue la inspiración para la película "La ventana indiscreta", de Alfred Hitchcock.
Para Gervasio Sánchez, destaca la "asombrosa actualidad" que emanan esta imágenes, que son "sombras furtivas" del conflicto captadas por Capa, que lideró una "brillante generación de fotógrafos apátridas" durante los años treinta y cuarenta.
Ha ensalzado las "imágenes de dolor y confusión" que contienen estos volúmenes, especialmente las de los bombardeos de Madrid y las que muestran el "frío" de los combatientes y refugiados.
Incluso ha llegado a comparar estos negativos con la "etapa negra de Franciso de Goya" y ha declarado que Capa siempre quiso mostrar "la grandeza del ser humano cuando está en contacto con el sufrimiento".
Si Capa estuviera vivo, ha dicho Sánchez, "sentiría vergüenza porque en España no se ha hecho justicia con los desaparecidos de la guerra civil y que todavía están sepultados en lugares no apropiados".
Además, ha reflexionado que un país "sin memoria" y "sin ser capaz de poner fin al dolor" de una guerra, tiene "posibilidad de volver a repetirlo".
Anaut también ha querido remarcar que esta obra "perdurará en el tiempo" y que este "impresionante" trabajo supone un regalo para un editor en esto días del "mundo digital".
Las instantáneas serán expuestas el próximo mes de junio en Madrid, en el marco de PhotoEspaña, después de su paso por Barcelona y Bilbao.

Robert Capa [Hombre llevando un niño herido en brazos. Batalla de Teruel, España], diciembre 1937. © International Center of Photography / Magnum Photos Collection International Center of Photography.

Exposición